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Nivel de amenaza crítico (Alien: Covenant) Destacado

Nivel de amenaza crítico (Alien: Covenant)

Quizá estamos ante una de las trilogías más prescindibles de toda la historia del cine. Innecesaria, absurda, descaradamente comercial y delirante en su desarrollo, Ridley Scott vuelve a dar una muestra de lo malo que llega a ser cuando se lo propone seriamente. Dan ganas de arrancarle los cables y desenmascararle como el sintético que realmente es. No hay otra explicación para una carrera embargada por la persecución del éxito en taquilla sin atender a nimias pretensiones artísticas.

Por enésima vez, Ridley Scott nos vuelve a poner frente al deus ex machina, intentando ser algo profundo en esta explicación irrelevante de lo que ocurrió antes de Alien, el octavo pasajero, una de aquellas muestras del director que llevó a pensar a algunos que estábamos ante el sucesor del mismísimo Stanley Kubrick. Para asegurar el resultado final que persigue, solo Michael Fassbender se hace cargo de llevar hacia adelante el elenco de actores absolutamente mediocres y poco recordables salvo, quizá, la excepción encarnada por el habitualmente soso Billy Crudrup. Tanto es así, que cuesta traer de nuevo a la memoria algún rasgo de sus caras o alguna secuencia en la que se luzcan dramáticamente. Diablos, si hasta la criatura tampoco es lo que era y se nos cuela un cuento que sugiere una estructura circular con el resto de la saga. Ricemos el rizo espacial y nos saldrá un huevo ponedor de proporciones gigantescas.

Y es que la búsqueda de Dios en la ciencia-ficción, además de harto complicada, tiene que estar muy pensada porque si no se cae en el riesgo de lo grotesco y del ridículo. Ya, ya sé que todo esto a Ridley Scott le da más igual que poner por ahí un bicho que no tiene nada que ver con el enemigo de la Suboficial Ellen Ripley, pero eso no quitará para que se pueda alertar con un nivel de amenaza crítico ante la tomadura de pelo flagrante que nos lleva directamente a la tercera parte de estas precuelas que, además, llegan con ínfulas de inteligentes y novedosas. Nada más lejos del cuadro de mandos. Hay repeticiones, copias de sí mismo, situaciones que ya se han tocado con anterioridad y, eso sí, un par de secuencias de croma espectacular que, al menos, distraen y salvan de atender las llamadas de un sueño profundo en medio de la película.

Así que yo me vuelvo a la Nostromo porque aquella criatura sí que me aterrorizaba, parecía latir detrás de cada recoveco de la tenebrosa nave espacial y se tenía la permanente sensación de que el peligro y el agobio eran dos protagonistas más de la mítica película. Además, por si fuera poco, había un estupendo plantel de actores y actrices que hacían que todo fuera mucho más creíble, más reconocible y más tembloroso. Esto no es más que una copia burda, sin gracia, ni sentido, con una ausencia total de ritmo porque es mucho más aventura que terror y, para más desvergüenza, con explicaciones sobre padres, hijos, sobrinos y demás ancestros de la Humanidad. Ni siquiera se respetan las reglas que tan escrupulosamente se siguieron en la película original donde los tiempos eran otros y, por tanto, el suspense también. Solo resta permanecer en la oscuridad con las típicas linternas marca Scott, con mucho polvo en el ambiente, mucha sensación de que allí hay muy poco contar y mucha cara de decepción incluso en el público menos exigente. Y estoy dispuesto a perder una mano si lo que digo no es verdad.

César Bardés

Modificado por última vez enSábado, 20 Mayo 2017 02:00
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